Resumen
La posibilidad de un debate en escena entre un ateo militante como Freud y un converso también militante como C. S. Lewis, es intelectualmente excitante: La última sesión de Freud. Solo que en esta ocasión no se trata de un paciente, sino de un antagonista. Y uno acaba entrando en las cosas más por curiosidad intelectual que por imperativos sentimentales o políticos. A Freud le habían dado notoriedad sus teorías sobre el psicoanálisis, y a Lewis acabaron dándosela Las crónicas de Narnia, crónicas de guerra y paz de un mundo infantil, al otro lado del espejo, como si los niños fueran Alicia multiplicada.
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