Resumen
Sobre el lugar que debe ocupar la religión en la vida humana, especialmente en su aspecto social o público, pugnan, al menos, dos soluciones antagónicas radicales. Para unos, se trata de un asunto meramente privado, que no debe trascender nunca a lo público. Para otros, se trata de algo de suyo público que no puede ser recluido en el ámbito de la conciencia. La primera posición, al menos, en su formulación más radical es absolutamente insostenible, pues resulta evidente, al menos, la dimensión social de todo culto religioso.
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