Resumen
La obra artística y figura de Giovanni Battista Piranesi (1720-1778) suscitó desde sus inicios sensaciones y opiniones muy diferentes, en parte motivadas por la variedad temática de su producción artística, desde sus conocidas Veduta sobre los monumentos de Roma, a las dos series que dedicó a las cárceles con unas disposiciones que resultan sombrías y extrañas, o sus proyectos para la decoración de las chimeneas y la elaboración de vasos y candelabros destinados al interior de salones y casas, unos objetos y propuestas en las que procedió a ensamblar elementos artísticos romanos, etruscos y egipcios (Rodríguez Ruiz 2019). Durante toda su vida Piranesi se consideró un arquitecto, pero apenas ejerció, centrando su producción artística en los grabados. De origen veneciano, donde las veduta y los capricci, vistas inventadas que combinaban edificios reales e imaginarios, ya gozaban de una importante tradición gracias a artistas como Canaletto, Tiepolo, Ricci o Piazzeta, vivió prácticamente toda su vida en Roma, una ciudad cuya historia y pasado estaba siendo redescubierto en el siglo XVIII y ansiaba recobrar su importancia en el contexto político y cultural de Italia y europeo. Fue en este contexto en el que Piranesi visitaría numerosas excavaciones en Roma, también en Herculano o Pompeya, adquiriendo de ese modo un acceso directo y un conocimiento de los descubrimientos que se estaban realizando y que le llevaron a defender, cada vez con mayor ímpetu en sus obras, la primacía del arte romano, y por extensión el etrusco, como antecesor del arte griego, viendo en el arte del antiguo Egipto otro argumento para defender sus ideas y negar la primacía, la antigüedad del arte griego como origen, por ejemplo, de la arquitectura (Bevilacqua 2007). Ello originó que Piranesi participara con sus grabados, y los textos que los acompañaban, en el debate intelectual que sobre la primacía del arte romano o griego se generó en el siglo XVIII, motivo por el que en ocasiones su obra y pensamiento se han confrontado a los planteamientos que enunció Johann Joachim Winckelman (1717-1768), para quien en el mundo griego radicaba el origen del arte y cuyos libros pronto se convertirían, hasta hace pocas décadas, en una referencia para la historia del arte.
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