Resumen
En los últimos años ha habido importantes movimientos dentro de la retórica para hacerse valer en el ámbito digital. Para significarse han optado por los términos “ciberretórica” o “retórica digital”: un cambio de nombre que se justificaría si hubieran planteado un cambio sustancial en la disciplina a partir de la disrupción que supone la tecnología digital, pero lo que proponen es una continuidad desde los postulados clásicos, obviando los roces inevitables. Como alternativa se plantea, como punto de partida para una retórica más atenta al corpus que generan las nuevas comunicaciones en entornos digitales que a las fórmulas heredadas de los clásicos, la noción de “prudencia digital”: M. Prensky propuso la noción de “sabiduría digital” frente a la de los nativos digitales para permitir una gradación con las distintas formas en que los individuos interactúan con la tecnología, más escalable y libre de determinismos. Con “prudencia digital”, que remite a la frónesis clásica (a los prudentes en Aristóteles), se le da más visibilidad a los reflejos que les son necesarios a los usuarios y, en un segundo nivel, a la disciplina, para sacarles partido a las posibilidades de la comunicación digital, que se actualizan constantemente; refuerza el carácter práctico de esa sabiduría digital, para evitar la tentación de querer forzar el sentido y las formas de las nuevas comunicaciones lingüísticas con unos parámetros -las fórmulas clásicas para el discurso- que no le son siempre los más adecuados.
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