Resumen
Durante estos últimos cuarenta años de docencia e investigación he vivido en primera persona las consecuencias de los descubrimientos científicos, y la rapidez con la que obligan a establecer nuevos paradigmas. He asistido a la transformación de una universidad de dimensiones reducidas a otra sobredimensionada, supuestamente autónoma, pero reacia a la autocrítica y el cambio, a cuya opacidad nos habíamos aparentemente amoldado. Esta situación se ha visto sacudida con la llegada de Internet y el acceso libre a nuestros datos. Sin darnos cuenta somos transparentes y catalogados automáticamente, para bien o para mal, en un listado mundial en cuyo orden de prelación el valor de la investigación de calidad y creativa es un parámetro definitorio. Este cambio de paradigma obliga a replantearse el lugar que ocupa la investigación en la universidad, haciendo necesaria la especialización y cooperación entre centros e instituciones, sin olvidar el elemento esencial que es la selección del profesor investigador y creativo.
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