Resumen
Las novelas Cometierra, de Dolores Reyes, y La mano que cura, de Lina María Parra, representan la figura de la bruja como estrategia de resistencia frente a la violencia contra las mujeres en contextos latinoamericanos. En este artículo se realiza un análisis literario apoyado en la teoría feminista decolonial de Gloria Anzaldúa a partir de “la facultad”, descrita como una conciencia profunda, presente en sujetos fronterizos o marginalizados, quienes desarrollan una sensibilidad especial para resistir y transformar su realidad. Se incorporan a esta perspectiva la “metodología de las oprimidas”, de Chela Sandoval, y la teoría de la “conciencia cyborg”, de Donna Haraway, para interpretar las experiencias de las mujeres como formas de conocimiento situado y de oposición ante el patriarcado y el colonialismo. Las obras inscriben la importancia de las acciones colectivas entre mujeres y la transmisión de saberes a través de generaciones como mecanismos fundamentales de poder y lucha.
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