Resumen
En toda sociedad existe el conflicto, inevitable e inherente a las relaciones sociales. Este hecho es debido en gran medida a la contraposición de opiniones e ideas entre personas o grupos, situación que puede ser gestionada de distintas formas. Una de las reacciones ante el conflicto y que, por costumbre o por desconocimiento, ha sido y sigue siendo de las más frecuentes, es la violencia y la agresividad; ya sea directa o indirecta, física o verbal. Concretamente, uno de los aspectos destacados en esta investigación es la asiduidad de víctimas de violencia de género, que podría tener su fruto en la contraposición de los dos géneros normativos y la no aceptación de la diferencia, que conlleva la contraposición de ideales y pensamientos y, consecuentemente, al conflicto y a la reacción violentada. De forma correlacionada, en la escuela se observa diariamente el conflicto por distintos motivos, en muchas ocasiones con reacciones agresivas. Esto, tanto en la infancia como en la adultez en sus respectivos escenarios, es tradicionalmente corregido mediante las prácticas reactivas y punitivas. El castigo no lleva a la reflexión ni la comprensión, hecho que imposibilita la no repetición de patrones agresivos ante la conflictividad. Es por eso que se pretende demostrar la importancia de educar para la concepción positiva del conflicto y el tratamiento de este mediante prácticas que restauren el comportamiento, en lugar de enmascararlo. Se aboga por la necesidad de fomentar un concepto de educación basado en la coeducación, en el respeto y en la responsabilidad.
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