Resumen
Esta tesis analiza la obra documental de Marta Rodríguez desde una perspectiva cinematográfica, ética y política, centrada en las formas de representación que construyen memoria, visibilidad y resistencia para los sujetos excluidos. El estudio se basa en el análisis de tres documentales clave: Chircales (1966–1972), Nuestra voz de tierra, memoria y futuro (1974–1981) y Amor, mujeres y flores (1988), abordados como un corpus fílmico articulado y coherente. A través de una metodología cualitativa y analítica, se exploran las estrategias cinematográficas de montaje, encuadre, ritmo y tratamiento del sonido como modos de producción de sentido. El trabajo se sostiene en referentes teóricos como Bill Nichols, Jesús Martín-Barbero, Jacques Rancière y diversos autores latinoamericanos que permiten situar el cine de Rodríguez en una tradición crítica y decolonial. Se concluye que los documentales estudiados no solo documentan la realidad social, sino que la intervienen mediante una forma cinematográfica que subvierte el régimen hegemónico de visibilidad. El cine se plantea aquí como contraarchivo vivo, capaz de reconfigurar la mirada del espectador, activar memorias negadas y sostener éticamente el lugar del otro en la imagen. La obra de Marta Rodríguez constituye, así, una poética de la implicación y una política de la permanencia.
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