Resumen
Ni siquiera en circunstancias tan espantosas, el sectarismo anticlerical y la insensatez anticatólica han sabido actuar con finura. La desdeñosa portada de un periódico de difusión nacional, algunos comentarios maliciosos de los falsos progresistas radiofónicos, la cólera altanera de los indignados de siempre salieron al paso del traslado del sacerdote Miguel Pajares a Madrid, para ridiculizarlo y rebajarlo a un episodio que mostraba la dudosa gestión de las autoridades sanitarias. Cuando lo más apropiado es el respetuoso silencio o el reconocimiento conmovido de una labor, toda esa gente que dice querer preservar el laicismo del Estado ni siquiera pudo soportar la prueba más evidente de sus abusos de percepción y de su insultante desprecio por unas creencias. Simplemente, no pudo soportar el valor de la comparación y el peso de la prueba: el ejemplo de un hombre de Dios.
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