Resumen
La energética es una de las aristas de la pobreza general que despunta en Europa. Su carácter poliédrico debe considerarse también a la hora de reducirla, incorporando medidas que contemplen la vulnerabilidad social y energética de las personas y hogares. En la actual sociedad tecnológica donde las desigualdades se agudizan y la energía es imprescindible para el desarrollo integral de la persona, la pobreza energética, que se manifiesta siguiendo los cánones de las desigualdades y exclusión social, adquiere una especial relevancia. Su transversalidad (salud, educación, relaciones, vivienda, sostenibilidad) la convierte en una problemática ineludible para los gobernantes, constando en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y en distintas estrategias nacionales. El Trabajo Social es clave para reducir el impacto de la pobreza energética y favorecer la sostenibilidad del planeta. Un modelo de intervención que sitúe la persona en el centro, siendo la protagonista, sintiéndose respetada e interpelada, es el único camino que nos puede llevar a conseguir estos objetivos. Las políticas deben de ser transversales, ofreciendo recursos preventivos y con un enfoque holístico hacia las personas, exigiendo el respeto de los derechos humanos básicos y el bienestar en todos los hogares sin excepciones, fomentando hábitos sostenibles energéticamente.
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