Resumen
La sociedad de la información, que está basada en la revolución tecnológica, es un hecho. Las tecnologías de la información y la comunicación impregnan también el universo de la educación —no sólo los ámbitos del comercio y del ocio—, y su virtualidad instrumental no está siendo ni debe ser ignorada por la política educativa. El objetivo del artículo es el de establecer los beneficios y límites de estos recursos en ámbitos educativos desde un enfoque político. La informática y las telecomunicaciones se han puesto fundamentalmente al servicio de un modelo de mercado, pero, alternativamente, poseen también la potencialidad de ayudar a construir relaciones democráticas e igualitarias en los contextos sociales en los que surgen y se desarrollan. Se argumenta que los entornos de educación representan ámbitos adecuados de facilitación de la implicación ciudadana en la sociedad de la información desde un modelo moral.
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