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Resumen

«Quiero recalcar una vez más esto: es en la frontera oriental de Occidente donde, más que en ninguna parte, se percibe a Rusia como un anti-occidente», escribe Milan Kundera en su ensayo Un Occidente secuestrado. Lo publicó en los ochenta, pero la actual guerra en Ucrania lo devuelve a la actualidad junto con una profunda reflexión sobre lo que es Europa, qué es lo que puede mantener vivo cierto espíritu europeo y el destino de este. Diferencia Kundera en su obra las tres Europas: una de ascendencia romana, alfabeto latino y vinculada a la Iglesia católica; otra marcada por Bizancio, la Iglesia ortodoxa y de alfabeto cirílico; y otra que, tras la II Guerra Mundial, apareció con el desplazamiento de la frontera entre las anteriores hacia el Oeste. El resultado, naciones que siempre se habían considerado occidentales se despertaron un buen día en el Este, se sintieron secuestradas. La lucha por su existencia y su diversidad se jugaba en el corazón de Europa. Aquellas pequeñas naciones querían ser la imagen condensada de Europa y de su variada riqueza, un modelo en miniatura de la Europa de naciones concebida en esta regla: «la máxima diversidad en el mínimo espacio. ¿Cómo podía no horrorizarle a Rusia que, frente a ella, se basaba en la regla contraria, la de la mínima diversidad en el máximo espacio?».

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