Resumen
Uno de los conceptos clave que ha concentrado la atención de los estudiosos de la filosofía del ser de Tomás de Aquino en el siglo XX ha sido el de causalidad. Insertada en la original concepción del acto (esse), el Aquinate logró una síntesis original que ahora distintos autores explotan conduciéndonos a sus fuentes. Frente a quienes destacan el valor de la esencia como el elemento que representa el rol causal, otros han puesto en evidencia que debe ser el esse quien, como fuente de perfecciones, funde la causalidad. Esta polémica nos dará la oportunidad de poner de relieve uno de los aspectos más ensombrecidos de una metafísica de la causalidad. En efecto, reconocidos estudiosos del tomismo contemporáneo, han defendido posiciones netamente contrapuestas al respecto de la causalidad y, en concreto, de su fundamento. Lo que nosotros vamos a poner de relieve es que, en el fondo de cada postura, se encuentra una filosofía más cercana a la ontología aristotélica (como es el caso del canadiense Lawrence Dewan) o más lejana a esta y, en consecuencia, más cercana a una defensa de la originalidad de la contribución tomasiana (Étienne Gilson y Cornelio Fabro). Como se tratará de mostrar, en última instancia, el fundamento metafísico de la causalidad y la primacía fundante tiene que reposar sobre el elemento metafísico que ostente la perfección en el orden de la actualidad, lo que en la filosofía del ser del Aquinate corresponde al esse comprendido como acto (actus essendi).
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