Resumen
Con una narrativa a la búsqueda de lo absoluto, el noruego Jon Fosse ha sido galardonado con el último Premio Nobel de Literatura por «sus obras innovadoras y su prosa que dan voz a lo indecible». Entre escribir para contarse a sí mismo y hacerlo para huir de sí mismo, Jon Fosse elige lo segundo. Y reivindica una vida actual sin interés frente a un pasado que, si lo tuvo, fue para servir de pretexto a su arte. Septología, con sus recuerdos inventados, puede ser más veraz que el escrupuloso registro de lo ocurrido: «También la verdad se inventa», escribió Machado. Septología es un libro de libros y su protagonista, alguien con varios «yoes». Asle es un pintor que acumula oscuridades y un torpe social, un inadaptado con problemas para crear vínculos con los demás. Su centro está en otra parte, su yo está volcado, derramado sobre las coordenadas del tiempo y de los imposibles que dictan que no se puede amar después de amar, ni hacerlo más allá de la muerte. Asle está así descolocado, desubicado: él vive más allá de esta vida gracias al vínculo de su amor por Ales, un vínculo con ansias de absoluto que lo lleva a aterrizar de lleno en lo Absoluto con mayúscula. Después de una vida consagrada al Dios-no-existe, lo repite una vez más con una variación que lo cambia todo: Dios no existe porque Dios es. Y su amor es también. Y ambas cosas son presencias definitivas y definitorias a las que seguir dando forma. Eso es lo que importa; buscar la forma. ¿Qué importa el contenido? La forma es absoluta. La forma es lo Absoluto al alcance de la mano.
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