Resumen
Las grandes obras de Dios suelen tener, por lo regular, principios muy molestos y adquirir después proporciones insospechadas. Son el grano de trigo sembrado en tierra fértil, muerto allí al parecer, pero germinando con vigor creciente y produciendo a su tiempo fruto copioso. Pudieran citarse numerosos ejemplos comprobatorios de esta afirmación.
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