Resumen
Cuando, en 1895, .el invento de los Luniere o de Edison -no queremos aquí meternos en interioridades de prioridad resueltas por cada una de las naciones interesadas a favor de sus respectivos súbditos- vio la luz en aquel sótano de un boulevard de París, nadie pudo pensar que acababa de nacer el mejor vehículo pedagógico conocido hasta hoy. La diversión de aquel entonces fue adquiriendo velocidad y perfección, hasta llegar a convertirse en el elemento indispensable de la enseñanza de nuestros días.
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