Resumen
Es bien conocida, al menos entre los iniciados, la afirmación kantiana de que «el campo de la filosofía se resume en las siguientes preguntas: 1) ¿Qué puedo saber? 2) ¿Qué debo hacer? 3) ¿Qué me es posible esperar? 4) ¿Qué es el hombre? «De la primera pregunta, prosigue Kant, se ocupa la metafísica; de la segunda la moral; de la tercera la religión, y de la cuarta la antropología. Pero en realidad, todas ellas se podrían incluir en la antropología, pues las tres primeras preguntas se refieren a la última» (Lógica, VIII). Sin llegar a tomar esta afirmación en sus implicaciones más ambiciosas, parece indudable que la pregunta por el ser y por el sentido último de las cosas implica una puesta en juego del ser y del sentido último del hombre que así se interroga y, así mismo, que la comprensión que pueda alcanzarse del ser humano es una clave decisiva para el estudio y valoración de la mayor parte de las cuestiones, filosóficas o no, que el hombre aborda. De ahí que, en una primera aproximación a la filosofía, como es el caso del bachillerato o de la educación secundaria, debe ocupar un lugar relevante el acercamiento de los jóvenes a una comprensión de lo que es el hombre, de sus dimensiones constitutivas, de su capacidad y necesidad de sentido. Ahora bien, ¿tiene esto interés hoy en educación?
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