Resumen
Restablecer la conexión entre la espiritualidad y la justicia, la religión y el derecho, la teología y la jurisprudencia, es la tarea que se propone Rafael Domingo Oslé en esta obra. La conexión entre el derecho y la espiritualidad es real, según Domingo, debido al carácter holístico de lo espiritual. La espiritualidad puede proporcionar a los ordenamientos jurídicos seculares un paradigma más amplio y un propósito más profundo, evitando un legalismo inmoderado. Es conveniente, propone Domingo, que «los juristas y los filósofos del derecho estén familiarizados con la teología, del mismo modo que un arquitecto debe estar familiarizado con el tipo de suelo sobre el que va a construir una estructura». Las interacciones, las sinergias y la comunicación entre las ciencias son esenciales para desarrollar el conocimiento científico. Según Domingo, un ordenamiento jurídico iluminado por Dios es más comprensible y humano que un sistema jurídico que no tiene en cuenta a Dios. «La idea de Dios ilumina los ordenamientos jurídicos seculares reforzando el compromiso de respetar el universo y realzando la centralidad de la persona humana como hija de Dios, la dignidad, la igualdad, la libertad y la responsabilidad moral, la solidaridad y los derechos humanos».
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