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Resumen

Un viaje del «etsi Deus non daretur» (aunque Dios no existiera), de Hugo Grocio, al más actual «veluti Deus daretur» (como si Dios existiera), en que consiste el legado de Joseph Ratzinger. Esa es la propuesta del autor, Miguel Ángel Garrido Gallardo, en este texto, un «humilde servicio de la verdad lejano de cualquier imposición a 'verdadazos'». Recogiendo el legado de Joseph Ratzinger, el autor propone actuar «veluti Deus daretur», como si Dios existiera: ese es el testamento de Benedicto XVI. La cultura occidental se ha transmitido con la presuposición de que los seres humanos podemos conocer la verdad. Esta convicción, que descubre a Dios como garante de una Ley Natural, sufre un proceso de desgaste que dura ya siglos y que se remonta a autores como el franciscano Guillermo de Occam (ca. 1280-1347), padre del nominalismo, doctrina que pone en cuestión que los nombres transmitan conceptos y no más bien remitan cada uno a otro en una serie indefinida. Ciertamente, ni Occam ni otros muchos autores de la serie niegan la existencia de Dios, pero dejan sin base la epistemología optimista. Se experimenta como un absurdo que el ser humano, creado por Dios, esté destinado a equivocarse y no a conocer la verdad a pesar de los pesares. Este punto de partida lleva inexorable a la muerte de Dios, profetizada por Nietzsche.

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