Resumen
Hasta el año 2015 el equilibrio entre gobernabilidad y representación de minorías ha sido positivo, y el sistema electoral ha permitido la aparición del multipartidismo. Pero tiene sesgos: favorece a partidos conservadores frente a la izquierda (y a los viejos partidos frente a los nuevos), además de a los votantes más centralistas frente a los periféricos. El sistema también carece de representación personalizada. Se ofrecen dos alternativas de reforma gradualista que conservan las propiedades buenas y corrigen estos defectos: la llamada Equidad sin Provincias (EsP) y la adaptación a España del sistema sueco.
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