Misostenido, Revista de Música, Educación y Terapia
ISSN: 2660-5503
Efectos emocionales de la musicoterapia activa en los adultos con discapacidad intelectual: un estudio de métodos mixtos
Emotional Effects of Active Music Therapy in Adults with Intellectual Disabilities: a Mixed-Methods Study
Escola de Música Francisco Belda de Moixent (España). jorcal512@gmail.com
Recibido / Received: 03/09/2025 · Aceptado / Accepted: 23/05/2026 · Publicado / Published: 30/07/2026
Cómo citar este artículo / Please cite this article as follows
Jorques Calabuig, N. (2026). Efectos emocionales de la musicoterapia activa en los adultos con discapacidad intelectual: un estudio de métodos mixtos [Emotional Effects of Active Music Therapy in Adults with Intellectual Disabilities: a Mixed-Methods Study]. Misostenido, (11).
10.9781/misost.2026.804
Resumen.
Antecedentes. Si bien numerosos estudios han destacado la capacidad de la musicoterapia para inducir cambios fisiológicos y emocionales positivos, no muchos han investigado los efectos de la musicoterapia activa en la modulación de los estados emocionales y el bienestar general en los adultos con diversidad funcional intelectual leve.
Participantes. La muestra consistió en nueve personas adultas (M = 34.3; DE = 7.1) con edades entre 23 y 43 años, de los cuales el 44.4 % eran mujeres.
Método. El diseño de la intervención fue de diez semanas, con dos sesiones semanales de musicoterapia activa de 60 minutos. Las sesiones incluyeron actividades de ritmo, improvisación musical, análisis de letras y composición de canciones, seguidas de evaluaciones pre y post intervención utilizando cuestionarios estandarizados y entrevistas cualitativas. Los datos se analizaron mediante la prueba de Wilcoxon y un ANOVA de medidas repetidas.
Resultados. Aunque no se encontraron diferencias significativas entre los resultados pre y post intervención, el ANOVA mostró mejoras significativas en los participantes más jóvenes (p = .003). El análisis cualitativo reveló una transferencia de las emociones negativas a las positivas durante las sesiones de musicoterapia.
Conclusiones. Los resultados sugieren que la musicoterapia puede tener un impacto positivo, aunque no estadísticamente significativo, en la regulación emocional y el bienestar de los participantes. Las limitaciones incluyen el tamaño de la muestra y la subjetividad de algunos datos. Se recomienda más investigación con muestras más amplias y diversas para confirmar estos hallazgos y explorar aplicaciones adicionales de la musicoterapia en contextos clínicos y terapéuticos. Palabras clave: musicoterapia; diversidad funcional intelectual; regulación emocional; adultos; bienestar.
Abstract.
Background. While numerous studies have highlighted the ability of music therapy to induce positive physiological and emotional changes, few have investigated the effects of active music therapy on the modulation of emotional states and general well-being in adults with mild intellectual disabilities.
Participants. The sample consisted of nine adults (M = 34.3; SD = 7.1) aged between 23 and 43, of whom 44.4 % were women.
Method. The intervention was designed to last ten weeks, with two 60-minute sessions of active music therapy per week. Sessions included rhythm activities, musical improvisation, analysis of song lyrics, and songwriting, followed by preand post-intervention assessments using standardised questionnaires and qualitative interviews. The data were analysed using the Wilcoxon test and a repeated-measures ANOVA.
Results. Although no significant differences were found between preand post-intervention outcomes, the ANOVA showed significant improvements among the younger participants (p = .003). The qualitative analysis revealed a shift from negative to positive emotions during the music therapy sessions.
Conclusion. The results suggest that music therapy may have a positive, albeit not statistically significant, impact on participants’ emotional regulation and well-being. Limitations include the sample size and the subjective nature of some of the data. Further research involving larger and more diverse samples is recommended to confirm these findings and explore additional applications of music therapy in clinical and therapeutic settings. Keywords: Music Therapy; Intellectual Disabilities; Emotional Regulation; Adults; Well-Being.
Palabras clave:
musicoterapia; diversidad funcional intelectual; regulación emocional; adultos; bienestar
Keywords:
Music Therapy; Intellectual Disabilities; Emotional Regulation; Adults; Well-Being
Texto completo en español
Introducción
La musicoterapia ha sido ampliamente reconocida por su capacidad para inducir cambios fisiológicos, cognitivos y emocionales positivos en diversas poblaciones clínicas y no clínicas (Fernández-Company et al., 2024; Freitas et al., 2022; Nevado Minaya y Fernández-Company, 2022; Stegemann et al., 2019).
Esta disciplina utiliza la música con fines terapéuticos para abordar las necesidades físicas, emocionales, cognitivas y sociales de los individuos, siendo especialmente valiosa en contextos donde el lenguaje verbal puede estar limitado o comprometido (Bruscia, 1998). En este sentido, su aplicación en las personas con diversidad funcional intelectual cobra especial relevancia, dado que la música actúa como canal alternativo de comunicación y expresión emocional. La discapacidad intelectual (DI) se caracteriza por limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual como en la conducta adaptativa, que cubre un abanico de habilidades sociales, conceptuales y prácticas. Estas limitaciones emergen antes de los 18 años (American Association on Intellectual and Developmental Disabilities [AAIDD], 2010). En España, se estima que más de 400 000 personas presentan algún tipo de DI (Rodríguez Gregory y Tortosa Martínez, 2016), y una proporción significativa de esta población experimenta dificultades en la identificación, expresión y regulación de las emociones, aspectos clave para el desarrollo personal y la calidad de vida (Down España, 2018). La regulación emocional es un proceso fundamental que permite a los individuos gestionar sus emociones de forma adaptativa, siendo especialmente complejo para personas con DI debido a la presencia de déficits en la comprensión emocional y en las habilidades sociales básicas (Littlewood et al., 2018). Estudios recientes han indicado que estas dificultades emocionales pueden derivar en comportamientos desafiantes, estados depresivos o ansiedad si no se abordan adecuadamente (Gur, 2016). Además, la literatura destaca que las personas con DI suelen tener menor acceso a las intervenciones psicológicas basadas en la evidencia, debido a barreras de comunicación, recursos limitados o ausencia de profesionales especializados (Hatton et al., 2018). En este sentido, la musicoterapia se presenta como una alternativa accesible y adaptable que permite integrar experiencias emocionales de manera no verbal, lo cual resulta especialmente beneficioso para esta población (Wigram y Gold, 2006). La musicoterapia activa, aquella en la que los participantes no solo escuchan música, sino que participan activamente tocando instrumentos, improvisando o componiendo canciones, ha mostrado ser una herramienta eficaz para fomentar la autoexpresión, el reconocimiento emocional y la cohesión grupal (Geretsegger et al., 2017; Gold et al., 2009). Este tipo de intervención permite al individuo construir un espacio simbólico donde procesar emociones de forma segura, mediante el ritmo, el timbre y la estructura musical. Desde un enfoque psicobiológico, se ha señalado que la música activa áreas cerebrales vinculadas con
la emoción, el placer y la motivación, como el sistema límbico, la amígdala y el núcleo accumbens (Koelsch, 2014; Zatorre y Salimpoor, 2013). Estas activaciones tienen implicaciones terapéuticas significativas, ya que facilitan el procesamiento emocional incluso en personas con una afectación cognitiva. Asimismo, Chanda y Levitin (2013) también han argumentado que la música puede modular neurotransmisores como la dopamina, la oxitocina y el cortisol, influyendo así en el estado de ánimo, la vinculación social y la reducción del estrés. Asimismo, debido a que poseen una mayor flexibilidad neurocognitiva, las personas jóvenes podrían experimentar mayores beneficios al participar en programas musicales estructurados (Zatorre et al., 2007). Por otra parte, investigaciones recientes han mostrado que la musicoterapia puede reducir significativamente los niveles de ansiedad y depresión en personas con DI, al tiempo que mejora su interacción social y su percepción del bienestar (Moreno-Morales et al., 2020). Estas intervenciones, además, fomentan el desarrollo de habilidades sociales básicas y la autorregulación emocional, aspectos clave en el funcionamiento adaptativo diario (Saarikallio, 2010). Desde otro punto de análisis, Gold et al. (2009) concluyeron que la musicoterapia presenta efectos positivos moderados a altos sobre el estado emocional, particularmente en individuos con patologías neuropsiquiátricas o trastornos del neurodesarrollo. De igual manera, el estudio de Aalbers et al. (2017) confirmó mejoras sustanciales en la autorregulación emocional tras intervenciones prolongadas de musicoterapia activa en pacientes psiquiátricos. En el caso específico de los adultos con una diversidad funcional intelectual, el número de investigaciones sigue siendo limitado. Sin embargo, algunos trabajos pioneros han señalado que la música puede actuar como mediador para el desarrollo emocional y la contención afectiva en contextos grupales (Silverman, 2022, Raglio et al., 2015). Estos espacios grupales permiten el surgimiento de dinámicas relacionales que fortalecen la empatía, la escucha mutua y el sentido de pertenencia, aspectos fundamentales en poblaciones que suelen estar socialmente marginadas. A partir de estas aproximaciones teóricas y empíricas, el presente estudio tiene como objetivo explorar el impacto de la musicoterapia activa grupal en la regulación emocional y el bienestar general de personas adultas con diversidad funcional intelectual leve, evaluando tanto los efectos cuantitativos como los cualitativos del proceso terapéutico. Se plantea como una investigación exploratoria con fines clínicos, cuyo propósito es aportar evidencia preliminar que fundamente futuras intervenciones terapéuticas más estructuradas y evaluaciones rigurosas de su eficacia.
Materiales y Método
Participantes y aprobación ética
La muestra del estudio estuvo compuesta por nueve personas adultas con diversidad funcional intelectual de grado leve, con edades comprendidas entre los 23 y 43 años (M = 34.3; DE = 7.1), de las cuales cuatro (44.4 %) eran mujeres. Todos los participantes eran usuarios de un centro ocupacional y vivían con sus familias y que asistían al centro de lunes a viernes, donde realizaban talleres ocupacionales hasta la tarde. El número de participantes se obtuvo a partir de las personas adultas con diversidad funcional intelectual del centro que deseaban participar voluntariamente en el proyecto, previo consentimiento informado a las familias. Los criterios de inclusión para participar en el estudio fueron: personas con DI leve y moderada, usuarios del centro ocupacional, personas que contaran con la autorización del padre/madre o tutor para participar en el proyecto, y personas que desearan participar. Los criterios de exclusión fueron: personas con DI grave, personas a las que no se les había autorizado participar por el padre/madre o tutor, y personas que no desearan participar. La participación en el estudio se desarrolló conforme a los principios éticos recogidos en la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial (World Medical Association, 2001) y en el Código Ético de la European Music Therapy Confederation (European Music Therapy Confederation, 2005). La colaboración de los participantes fue voluntaria, anónima y sin contraprestación económica. El estudio contó con la aprobación previa de la Comisión Ética de TFE de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Internacional de La Rioja, garantizando así el cumplimiento de los estándares éticos y metodológicos requeridos.
Estímulos y medidas
Estímulos. Para la realización de las sesiones, se diseñaron actividades específicas con la intención de alcanzar los objetivos terapéuticos planteados. Las actividades se dividieron en cuatro dinámicas: vocal, instrumental, de improvisación y de movimiento. Dentro de cada dinámica se desarrollaron distintas actividades, como tocar el piano y cantar, repetir ritmos, improvisar con instrumentos, estatuas musicales, dibujar lo que sienten mientras escuchan música, entre otras. Los instrumentos utilizados incluyeron piano, handpan, panderos, bongos, djembé, panderetas, cajas chinas, cascabeles, agogó, sonajas, palo de lluvia, claves, maracas, cencerro, altavoz, folios, colores y pañuelos de colores.
Medidas. Para evaluar los efectos de la intervención con musicoterapia en la regulación emocional y el bienestar en adultos con discapacidades intelectuales leves, se empleó un enfoque de métodos mixtos, combinando medidas cuantitativas y cualitativas. Respecto a las medidas cuantitativas, se administraron medidas cuantitativas con un cuestionario pre y post intervención (Fernández-Company y García-Rodríguez, 2024) a observadores (personal del centro) para evaluar los estados emocionales, habilidades de comunicación, interacción social, funcionamiento cognitivo y coordinación motora de los participantes. Estos cuestionarios utilizaron una escala Likert para calificar los cambios en dominios específicos, tales como la expresión emocional, la atención y la coordinación física. Para evaluar el seguimiento del estado emocional los participantes seleccionaron entre cuatro emociones (felicidad, tristeza, enojo, miedo) al inicio y al final de cada sesión utilizando ayudas visuales. Asimismo, mediante un diagrama de Sankey se ilustraron los cambios en los estados emocionales a lo largo de las sesiones. Asimismo, se realizaron entrevistas postintervención para recoger experiencias subjetivas, incluyendo las actividades preferidas (por ejemplo, vocal, instrumental, improvisación) y los beneficios percibidos, documentando en notas de campo detalladas las respuestas conductuales, niveles de participación y dinámicas grupales durante las actividades (por ejemplo, improvisación, ejercicios rítmicos).
Procedimiento
El proyecto se llevó a cabo en el Centro Ocupacional de Moixent (Valencia). Antes de comenzar, se obtuvo el consentimiento del centro y se seleccionaron a los nueve participantes. Se contactó con las familias y se les proporcionó un consentimiento informado, explicando detalladamente en qué consistiría el proyecto. Con todos los permisos cumplimentados, se procedió a la creación de las actividades, la selección de la sala para las sesiones, el número de sesiones, los días, el material necesario, entre otros aspectos. La sala habilitada del centro ocupacional contaba con luz natural y espacio suficiente para los participantes y materiales necesarios para realizar las sesiones. Se establecieron diez sesiones de musicoterapia, realizadas durante la última semana de abril y todo el mes de mayo de 2024. Las sesiones se llevaron a cabo los martes y viernes de la última semana de abril, y los lunes y miércoles del mes de mayo. Cada sesión tuvo una duración de una hora, de 10:00 a 11:00 horas. La estructura de cada sesión fue la siguiente:
- Preguntar la emoción que sienten al entrar a la sesión.
- Canción de bienvenida.
- Actividades de activación.
- Actividades de relajación.
- Preguntar la emoción que sienten en el momento, tras terminar todas las actividades.
- Canción de despedida.
Las emociones que se mostraron en todas las sesiones fueron: felicidad, enfado, miedo y tristeza. Antes de decir qué emoción sentían, se repasaban una a una para que fueran interiorizando cada emoción.
Análisis de datos
Para analizar los datos se emplearon diversas pruebas estadísticas. Primero, se utilizó la prueba no paramétrica de Wilcoxon para muestras dependientes para comparar los resultados antes y después de la intervención, evaluando si existían diferencias significativas en los resultados cuantitativos. Posteriormente, se realizó un análisis de varianza (ANOVA) de dos factores con medidas repetidas para examinar cómo las variables de tiempo (pre y post) y edad influían en la variable dependiente de estados emocionales. Estas pruebas permitieron identificar diferencias significativas en la variable edad y explorar la eficacia de la musicoterapia desde una perspectiva estadística y cualitativa.
Resultados
La Tabla 1 y la Figura 1 muestran los datos estadístico-descriptivos de los resultados pre y post a la intervención con musicoterapia.
| Pre | Post | |
|---|---|---|
| Valor medio | 43 | 43.44 |
| Desviación típica | 5.57 | 3.13 |
| Mínimo | 34 | 39 |
| Máximo | 51 | 49 |

Para conocer si hubo diferencias significativas entre los resultados pre y post de la intervención con musicoterapia, se realizó la prueba no paramétrica de Wilcoxon para muestras dependientes. Dado que en el grupo “Pre” tenía valores (M = 43) y que el grupo “Post” también tenía una media de (M = 43), la hipótesis nula de que la variable “Post” tenía un valor menor o igual a la variable “Pre” ha sido comprobada usando una
| Sum of squares | df | Cuadrados medios | F | p | η² | η²p | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Edad, Pre, Post | 474.96 | 2 | 237.48 | 9.36 | .003 | 0.39 | 0.57 |
| Sexo | 0.67 | 1 | 0.67 | 0.01 | .911 | 0 | 0 |
| RM Factor x Sexo | 26.5 | 2 | 13.25 | 0.52 | .604 | 0.02 | 0.07 |
| Residuals (Between Subjects) | 345.85 | 7 | 49.41 | ||||
| Residuals (Within Subjects) | 355.2 | 14 | 25.37 |
| Mean diff. | Std. Error | t | p | 95 % CI lower limit | 95 % CI upper limit | |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Edad Pre | -8.67 | 2.677 | -3.237 | .036 | -14.84 | -2.49 |
| Edad Post | -9.11 | 2.579 | -3.533 | .023 | -15.06 | -3.16 |
| Pre Post | -0.44 | 1.444 | -0.308 | 1 | -3.78 | 2.89 |
prueba t unilateral para muestras pareadas, y el resultado no ha sido estadísticamente significativo, p = .472 (véase tabla 2). Por ello, la hipótesis nula ha sido por lo tanto mantenida.
| W | z | p | r | |
|---|---|---|---|---|
| Post - Pre | 17.5 | -0.07 | .472 | 0.02 |
W z p r
Post - Pre 17.5 -0.07 .472 0.02
Aunque las diferencias entre los resultados pre y post de la intervención con musicoterapia no fueron significativos, se realizó un análisis ANOVA de varianza de dos factores con medidas repetidas que ha mostrado que sí que existía una diferencia significativa entre los grupos del primer factor “Edad”, “Pre” y “Post” en relación con la variable dependiente edad, p = .003, con un tamaño del efecto moderado (η2p = .57) (Cohen, 1988) (véase tablas 3 y 4). Desde una perspectiva cualitativa, en el Sankey Diagram de la Figura 2 se aprecia que mayoritariamente se produce una transferencia de estados emocionales antes de comenzar las sesiones de musicoterapia como, por ejemplo, de la tristeza, del miedo o del enfado hacia la alegría al finalizar las sesiones de musicoterapia.

Discusión y conclusiones
Los resultados obtenidos en este estudio apuntan a que la musicoterapia activa puede inducir cambios emocionales positivos en los adultos con diversidad funcional intelectual leve, aunque estos no alcanzaron una significación estadística en el análisis pre y post general. No obstante, el análisis de medidas repetidas (ANOVA) mostró que los participantes más jóvenes presentaron una mejora significativa en los indicadores emocionales (p = .003), lo que sugiere una mayor receptividad o plasticidad emocional en este subgrupo etario. Este resultado es coherente con estudios previos que han indicado que las personas jóvenes, debido a una mayor flexibilidad neurocognitiva, pueden beneficiarse más intensamente de intervenciones musicales estructuradas (Zatorre et al., 2007). Desde una perspectiva cualitativa, los resultados del diagrama de Sankey revelan una tendencia clara de transferencia emocional: muchos participantes reportaron estados emocionales negativos como la tristeza, el enfado o miedo al inicio de las sesiones, los cuales migraron hacia emociones más positivas, como la alegría o tranquilidad, al final de las intervenciones. Esta transformación ha sido ampliamente documentada en estudios que resaltan la capacidad de la música para regular el tono afectivo y facilitar la expresión emocional (Chanda y Levitin, 2013; Magee et al., 2016). La ausencia de significación estadística en la comparación pre y post general puede explicarse, en parte, por el reducido tamaño de la muestra (n = 9), lo cual limita el poder estadístico del estudio. Esta es una limitación común en las investigaciones clínicas
preliminares, y sugiere la necesidad de replicar los resultados con muestras más amplias y heterogéneas. Además, la naturaleza subjetiva de algunas evaluaciones emocionales introduce una posible fuente de sesgo, aunque se intentó mitigar este efecto a través de la triangulación de datos cualitativos. Los hallazgos cualitativos, sin embargo, son especialmente reveladores y consistentes con la literatura especializada. Por ejemplo, Silverman (2022) destaca cómo las intervenciones grupales con instrumentos musicales promueven el sentido de pertenencia, la autoestima y la conexión interpersonal, aspectos esenciales en la mejora del bienestar subjetivo de personas con DI. Otra observación importante es la posible influencia del formato grupal de las sesiones. La interacción social mediada por la música no solo potencia la experiencia emocional, sino que también promueve comportamientos prosociales y la cooperación, como se ha demostrado en las investigaciones de Raglio et al. (2015). Este componente social de la musicoterapia podría haber contribuido de manera indirecta a los cambios emocionales observados en el estudio. A pesar de los hallazgos prometedores observados en este estudio, es necesario considerar una serie de limitaciones metodológicas que podrían haber condicionado los resultados y que deben ser tenidas en cuenta en investigaciones futuras. En primer lugar, el reducido tamaño muestral constituye una limitación sustancial. Aunque este tipo de estudios exploratorios suelen iniciarse con muestras pequeñas, la escasa cantidad de participantes disminuye considerablemente la potencia estadística del
análisis, dificultando la detección de efectos significativos y limitando la generalización de los hallazgos a otras poblaciones. Para superar esta restricción, futuras investigaciones deberían incorporar un número mayor de participantes, procedentes de diferentes centros, regiones y niveles de DI, lo que permitiría una mayor representatividad y robustez en los resultados. En segundo lugar, la ausencia de un grupo control impide establecer con certeza una relación causal entre la intervención musicoterapéutica y los cambios emocionales observados. Si bien los análisis pre y post permiten detectar variaciones temporales, no descartan la influencia de variables externas o de efectos placebo. En este sentido, se recomienda el uso de diseños experimentales con una asignación aleatoria al grupo experimental y grupo de control, lo cual permitiría una comparación directa y más precisa de la eficacia terapéutica de la musicoterapia frente a otras intervenciones o a la ausencia de intervención. Asimismo, la duración de la intervención, limitada a diez sesiones distribuidas en cinco semanas, puede considerarse insuficiente para generar cambios emocionales duraderos o estructurales. La literatura previa sugiere que los beneficios de la musicoterapia suelen consolidarse a medio y largo plazo, especialmente en las poblaciones con DI, donde los procesos de aprendizaje y regulación emocional requieren tiempos más prolongados. Por ello, es recomendable implementar programas más extensos y sostenidos en el tiempo, con sesiones semanales durante varios meses, además de realizar evaluaciones de seguimiento a los tres y seis meses posteriores a la finalización del tratamiento para valorar la persistencia de los efectos obtenidos. Otra limitación relevante radica en el carácter subjetivo de algunos instrumentos de evaluación. Aunque el estudio integró observaciones cualitativas y autoinformes de los participantes, la identificación emocional estuvo mediada por la interpretación del terapeuta y por la capacidad expresiva de los sujetos, lo que puede introducir sesgos. Para solventar esta cuestión, sería deseable incorporar en futuras investigaciones técnicas complementarias como escalas estandarizadas de regulación emocional, registros de conducta estructurados y medidas psicofisiológicas (por ejemplo, la actividad cardíaca o la respuesta galvánica de la piel) con el fin de triangular los datos y aumentar la objetividad de las evaluaciones. Asimismo, no se evaluó el posible sesgo del observador en los cuestionarios. Los estudios futuros deberían incluir herramientas de autoinforme para los participantes. Por último, no se tuvo en cuenta el perfil musical previo de los participantes, es decir, su grado de afinidad, motivación o experiencia con la música. Estos factores pueden influir significativamente en la receptividad y en los resultados de la intervención. Incluir instrumentos que evalúen la relación previa del individuo con la música permitiría ajustar las sesiones a los intereses
particulares de los participantes y analizar posibles variables moderadoras del efecto terapéutico. Estas limitaciones, lejos de invalidar los resultados obtenidos, ofrecen importantes directrices para el perfeccionamiento de futuros estudios en esta línea de investigación, permitiendo avanzar hacia una comprensión más precisa y contextualizada del impacto de la musicoterapia en las personas con diversidad funcional intelectual. No obstante, a pesar de estas limitaciones, los resultados de este estudio aportan una evidencia preliminar sobre el potencial de la musicoterapia activa grupal como estrategia de intervención para promover la regulación emocional en las personas adultas con diversidad funcional intelectual leve. Aunque los análisis estadísticos generales no arrojaron diferencias significativas entre los momentos pre y post intervención, el análisis de las medidas repetidas reveló mejoras significativas en los participantes más jóvenes, lo cual sugiere que la edad puede ser un factor modulador de la eficacia terapéutica. En cuanto a las diferencias por edad, podría considerarse que los adultos más jóvenes tienden a tener menos rigidez emocional o una historia más corta de afrontamiento disfuncional, por lo cual los efectos de la intervención pudieron ser más evidentes en este grupo. Este fenómeno ha sido discutido por Saarikallio (2010), quien destaca el papel de la música como estrategia de autorregulación emocional más común y efectiva en los jóvenes adultos frente a otras poblaciones. Asimismo, el análisis cualitativo proporcionó hallazgos consistentes con la literatura científica al evidenciar una clara transformación emocional durante las sesiones: los estados afectivos negativos, como la tristeza, el miedo o el enfado se desplazaron hacia emociones más positivas, como la alegría y la serenidad. Estos cambios emocionales, observados a través de la interacción musical activa, corroboran el valor de la música como herramienta de expresión, contención emocional y construcción de vínculos relacionales en contextos terapéuticos. La musicoterapia, en su modalidad activa, se presenta como un medio eficaz para facilitar la autoexploración emocional, fomentar la autoestima y mejorar la calidad de vida de personas con DI. Además de su potencial terapéutico directo, las sesiones grupales promueven la socialización, el sentido de pertenencia y la cooperación entre los participantes, aspectos fundamentales en la mejora del bienestar subjetivo y en la inclusión social. No obstante, los resultados deben interpretarse con cautela, dada la presencia de limitaciones metodológicas que restringen la generalización de los hallazgos. Es imperativo desarrollar estudios futuros con mayor rigor metodológico, que incluyan muestras amplias y controladas, así como instrumentos de medición más
sofisticados. A pesar de ello, los resultados obtenidos abren un campo fértil para la aplicación clínica de la musicoterapia en el ámbito de la diversidad funcional, contribuyendo a consolidar su lugar como disciplina terapéutica basada en la evidencia. En resumen, aunque los efectos cuantitativos globales no fueron significativos, los análisis específicos por edad y los datos cualitativos apoyan la hipótesis de que la musicoterapia activa puede ser una intervención valiosa para fomentar el bienestar emocional en los adultos con diversidad funcional intelectual. Se recomienda la continuación de esta línea de investigación con diseños longitudinales, muestras más grandes y herramientas de evaluación más específicas para capturar con mayor sensibilidad los cambios emocionales a corto y largo plazo. En conclusión, este estudio refuerza la idea de que la música no solo es una forma de arte o entretenimiento, sino también una vía profunda de conexión emocional y transformación personal especialmente valiosa para aquellos colectivos cuyas capacidades comunicativas se encuentran parcial o totalmente comprometidas.
Declaración de uso de inteligencia artificial
La autora declara que no se ha utilizado IA en el artículo.
Financiación
El artículo no ha contado con financiación pública o privada.
Biografía
Nuria Jorques Calabuig posee el Máster de Musicoterapia en la UNIR, y el título superior de Música de Percusión del Conservatorio Superior de Música de Castilla-La Mancha. En el Conservatori Mestre Vert (Carcaixent, Valencia) obtuvo el título de Grado Medio de Percusión (2012-2018). Cuenta con formación en recursos musicales en diversidad funcional (2024), evaluación de asignaturas instrumentales en las enseñanzas musicales (2025) y aplicaciones prácticas de inteligencia artificial en entornos empresariales y en la música (2025). Actualmente es profesora de Lenguaje Musical, Coro y Percusión en diferentes escuelas de música.
ORCID: https://orcid.org/0009-0003-4756-4524
Full text in English
Introduction
Music therapy has been widely recognised for its ability to bring about positive physiological, cognitive and emotional changes in a range of clinical and non-clinical populations (Fernández-Company et al., 2024; Freitas et al., 2022; Nevado Minaya & Fernández-Company,
2022; Stegemann et al., 2019). This discipline uses music for therapeutic purposes to address individuals’ physical, emotional, cognitive and social needs, and is particularly valuable in contexts where verbal communication may be limited or impaired (Bruscia, 1998). In this regard, its application among people with intellectual disabilities is particularly significant, given that music acts as an alternative channel for communication and emotional expression. Intellectual disability (ID) is characterised by significant limitations in both intellectual functioning and adaptive behaviour, which encompasses a range of social, conceptual and practical skills. These limitations emerge before the age of 18 (American Association on Intellectual and Developmental Disabilities [AAIDD], 2010). In Spain, it is estimated that over 400,000 people have some form of intellectual disability (Rodríguez Gregory & Tortosa Martínez, 2016), and a significant proportion of this population experiences difficulties in identifying, expressing and regulating emotions—key aspects for personal development and quality of life (Down España, 2018). Emotional regulation is a fundamental process that enables individuals to manage their emotions in an adaptive manner and is particularly challenging for people with intellectual disabilities due to deficits in understanding emotions and basic social skills (Littlewood et al., 2018). Recent studies have shown that these emotional difficulties can lead to challenging behaviour, depression or anxiety if they are not properly addressed (Gur, 2016). Furthermore, the literature highlights that people with intellectual disabilities often have reduced access to evidence-based psychological interventions, due to communication barriers, limited resources or a lack of specialised professionals (Hatton et al., 2018). In this regard, music therapy offers an accessible and adaptable alternative that enables emotional experiences to be integrated in a non-verbal way, which is particularly beneficial for this population (Wigram & Gold, 2006). Active music therapy—in which participants do not merely listen to music but actively engage by playing instruments, improvising or composing songs—has proven to be an effective tool for fostering self-expression, emotional awareness and group cohesion (Geretsegger et al., 2017; Gold et al., 2009). This type of intervention enables the individual to create a symbolic space in which to process their emotions safely, through rhythm, timbre and musical structure. From a psychobiological perspective, it has been noted that music activates areas of the brain associated with emotion, pleasure and motivation, such as the limbic system, the amygdala and the nucleus accumbens (Koelsch, 2014; Zatorre & Salimpoor, 2013). These activations have significant therapeutic implications, since they facilitate emotional processing even in people with cognitive impairment. Similarly, Chanda & Levitin (2013) have also argued that music can modulate
neurotransmitters such as dopamine, oxytocin and cortisol, thereby influencing mood, social bonding and stress reduction. Moreover, given that they possess greater neurocognitive flexibility, young people may experience greater benefits from participating in structured music programmes (Zatorre et al., 2007). In addition, recent research has shown that music therapy can significantly reduce levels of anxiety and depression in people with intellectual disabilities, whilst improving their social interaction and sense of well-being (Moreno-Morales et al., 2020). These interventions also promote the development of basic social skills and emotional self-regulation, which are key aspects of everyday adaptive functioning (Saarikallio, 2010). From another perspective, Gold et al. (2009) concluded that music therapy has moderate to high positive effects on emotional well-being, particularly in individuals with neuropsychiatric conditions or neurodevelopmental disorders. Similarly, the study by Aalbers et al. (2017) confirmed substantial improvements in emotional self-regulation following prolonged active music therapy interventions in psychiatric patients. In the specific case of adults with intellectual disabilities, the amount of research remains limited. Nonetheless, some pioneering research has suggested that music can act as a mediator for emotional development and emotional support in group settings (Silverman, 2022, Raglio et al., 2015). These group settings foster the development of interpersonal dynamics that strengthen empathy, active listening and a sense of belonging—all of which are essential for communities that are often socially marginalised. Building on these theoretical and empirical approaches, this study aims to explore the impact of active group music therapy on emotional regulation and general well-being among adults with mild intellectual disabilities, assessing both the quantitative and qualitative effects of the therapeutic process. This is an exploratory study for clinical purposes, the aim of which is to provide preliminary evidence to inform future, more structured therapeutic interventions and rigorous assessments of their efficacy.
Materials and Method
Participants and ethical approval
The study sample consisted of nine adults with mild intellectual disabilities, aged between 23 and 43 (M = 34.3; SD = 7.1), of whom four (44.4%) were women. All participants were users of an occupational centre. They lived with their families and attended the centre from Monday to Friday, where they took part in occupational workshops until the afternoon. The number
of participants was determined based on the number of adults with intellectual disabilities at the centre who wished to take part in the project on a voluntary basis, following informed consent from their families. The inclusion criteria for participation in the study were: people with mild to moderate intellectual disabilities, users of the occupational centre, people who had obtained consent from a parent or guardian to take part in the project, and people who wished to participate. The exclusion criteria were: people with severe intellectual disabilities, people whose parents or guardians had not given their consent for them to participate, and people who did not wish to participate. Participation in the study was conducted in accordance with the ethical principles set out in the Declaration of Helsinki (World Medical Association, 2001) and the Code of Ethics of the European Music Therapy Confederation (European Music Therapy Confederation, 2005). Participation was voluntary, anonymous and unpaid. The study was approved in advance by the Ethics Committee for Final Degree Projects of the Faculty of Social Sciences and Humanities at the International University of La Rioja (UNIR), thereby ensuring compliance with the required ethical and methodological standards.
Stimuli and measures
Stimuli. Specific activities were designed for the sessions with the aim of achieving the therapeutic goals set. The activities were divided into four sections: vocal, instrumental, improvisation and movement. Each section included a range of activities, such as playing the piano and singing, repeating rhythms, improvising with instruments, musical statues, and drawing what they feel whilst listening to music, amongst others. The instruments used included the piano, handpan, tambourines, bongos, djembe, woodblocks, sleigh bells, agogo bells, shakers, rainstick, claves, maracas, cowbell, loudspeaker, sheets of paper, coloured pencils, and coloured scarves. Measures. To assess the effects of music therapy on emotional regulation and well-being in adults with mild intellectual disabilities, a mixed-methods approach was employed, combining quantitative and qualitative measures. With regard to quantitative measures, a preand post-intervention questionnaire (Fernández-Company & García-Rodríguez, 2024) was administered to observers (centre staff) to assess the participants’ emotional states, communication skills, social interaction, cognitive functioning and motor coordination. These questionnaires used a Likert scale to assess changes in specific areas, such as emotional expression, attention and physical coordination. In order to assess changes in emotional state, participants selected one of four emotions (happiness,
sadness, anger, fear) at the start and end of each session using visual aids. Furthermore, a Sankey diagram was used to illustrate the changes in emotional states throughout the sessions. Post-intervention interviews were also conducted to gather subjective experiences, including preferred activities (for example, vocal, instrumental, improvisation) and perceived benefits, whilst detailed field notes were taken to document behavioural responses, levels of participation and group dynamics during the activities (for example, improvisation, rhythmic exercises).
Procedure
The project was carried out at the Moixent Occupational Centre (Valencia). Before commencing, consent was obtained from the centre and the nine participants were selected. The families were contacted and provided with an informed consent form, explaining in detail what the project would involve. Once all the necessary permissions had been obtained, we proceeded to organise the activities, select the room for the sessions, determine the number of sessions and the days they would take place, and identify the materials required, amongst other matters. The room chosen at the occupational centre had natural light and enough space for the participants, as well as all the materials needed to conduct the sessions. Ten music therapy sessions were scheduled, taking place during the last week of April and throughout May 2024. The sessions took place on Tuesdays and Fridays during the last week of April, and on Mondays and Wednesdays in May. Each session lasted one hour, from 10.00 am to 11.00 am. Each session was structured as follows:
- Ask them how they feel as they enter the session.
- Welcome song.
- Warm-up activities.
- Relaxation activities.
- Ask them how they feel at that moment, once all the activities have finished.
- Goodbye song.
The emotions expressed during all the sessions were: happiness, anger, fear and sadness. Before saying what emotion they were feeling, we went through them one by one so that they could really grasp each emotion.
Data Analysis
Various statistical tests were used to analyse the data. First, the non-parametric Wilcoxon test for paired
samples was used to compare the results before and after the intervention, assessing whether there were any significant differences in the quantitative results. A two-way analysis of variance (ANOVA) with repeated measures was then performed to examine how the time variables (preand post-test) and age influenced the dependent variable of emotional states. These tests made it possible to identify significant differences in the age variable and to explore the effectiveness of music therapy from both a statistical and a qualitative perspective.
Results
Table 1 and Figure 1 show the descriptive statistics for the results obtained preand post-music therapy intervention.
| Pre | Post | |
|---|---|---|
| Mean value | 43 | 43.44 |
| Standard deviation | 5.57 | 3.13 |
| Minimum | 34 | 39 |
| Maximum | 51 | 49 |

To determine whether there were any significant differences between the results preand post-music therapy intervention, the Wilcoxon non-parametric test for paired samples was carried out. Given that the ‘Pre’ group had a mean of M = 43 and that the ‘Post’ group also had a mean of M = 43, the null hypothesis that the ‘Post’ variable had a value less than or equal to the ‘Pre’ variable was tested using a one-tailed t test for paired samples, and the result was not statistically significant, p = .472 (see Table 2). Consequently, the null hypothesis was therefore upheld.
| W | z | p | r | |
|---|---|---|---|---|
| Post - Pre | 17.5 | -0.07 | .472 | 0.02 |
W z p r
Post - Pre 17.5 -0.07 .472 0.02
Although the differences between the preand post-music therapy results were not significant, a twoway ANOVA with repeated measures was performed, which showed that there was indeed a significant difference between the groups for the first factor ‘Age’, ‘Pre’ and ‘Post’ in relation to the dependent variable of age, p = .003, with a moderate effect size (η²p = .57) (Cohen, 1988) (see Tables 3 and 4).
| Sum of squares | df | Mean squares | F | p | η² | η²p | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Age, Pre, Post | 474.96 | 2 | 237.48 | 9.36 | .003 | 0.39 | 0.57 |
| Sex | 0.67 | 1 | 0.67 | 0.01 | .911 | 0 | 0 |
| RM Factor x Sex | 26.5 | 2 | 13.25 | 0.52 | .604 | 0.02 | 0.07 |
| Residuals (Between Subjects) | 345.85 | 7 | 49.41 | ||||
| Residuals (Within Subjects) | 355.2 | 14 | 25.37 |
| Mean diff. | Std. Error | t | p | 95 % CI lower limit | 95 % CI upper limit | |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Age Pre | -8.67 | 2.677 | -3.237 | .036 | -14.84 | -2.49 |
| Age Post | -9.11 | 2.579 | -3.533 | .023 | -15.06 | -3.16 |
| Pre Post | -0.44 | 1.444 | -0.308 | 1 | -3.78 | 2.89 |
From a qualitative perspective, the Sankey diagram in Figure 2 shows that, for the most part, there is a shift in emotional states from before the beginning of the music therapy sessions—for example, from sadness, fear or anger—to happiness by the end of the sessions.
Discussion and conclusions
The results of this study suggest that active music therapy can bring about positive emotional changes in adults with mild intellectual disabilities, although these changes did not reach statistical significance in the overall preand post-music therapy analysis. However, the repeated-measures analysis of variance (ANOVA) showed that younger participants exhibited a significant improvement in emotional indicators (p = .003), which suggests greater emotional receptivity or plasticity in this age group. This finding is consistent with previous studies which have suggested that young people, due to their greater neurocognitive flexibility, may benefit more significantly from structured musical interventions (Zatorre et al., 2007). From a qualitative perspective, the results of the Sankey diagram reveal a clear pattern of emotional transfer: many participants reported negative emotional states such as sadness, anger or fear at the beginning

of the sessions, which gave way to more positive emotions, such as happiness or calm, by the end of the interventions. This transformation has been extensively documented in studies highlighting music’s ability to regulate affective tone and facilitate emotional expression (Chanda & Levitin, 2013; Magee et al., 2016). The lack of statistical significance in the overall pre and post-comparison can be explained, in part, by the small sample size (n = 9), which limits the study’s statistical power. This is a common limitation in preliminary clinical studies, and suggests the need to replicate the findings in larger and more diverse samples. Furthermore, the subjective nature of some emotional assessments introduces a potential source of bias, although attempts were made to mitigate this effect through the triangulation of qualitative data. The qualitative findings, however, are particularly revealing and consistent with the specialist literature. For example, Silverman (2022) highlights how group activities involving musical instruments foster a sense of belonging, self-esteem and interpersonal connection— all of which are essential for improving the subjective well-being of people with intellectual disabilities. Another important point to note is the potential influence of the group format of the sessions. Social interaction mediated by music not only enhances the emotional experience, but also promotes prosocial behaviour and cooperation, as demonstrated in the research by Raglio et al. (2015). This social aspect of music therapy may have indirectly contributed to the emotional changes observed in the study.
Despite the promising findings observed in this study, it is necessary to consider a number of methodological limitations that may have influenced the results and which should be taken into account in future research. Firstly, the small sample size is a significant limitation. Although this type of exploratory study is usually conducted with small sample sizes, the small number of participants significantly reduces the statistical power of the analysis, which makes it difficult to detect significant effects and limits the generalisability of the findings to other populations. To overcome this limitation, future research should involve a larger number of participants from different centres, regions, and with different levels of intellectual disability, which would ensure that the results are more representative and robust. Secondly, the absence of a control group makes it impossible to establish with certainty a causal relationship between the music therapy intervention and the emotional changes observed. Whilst preand post-tests can identify changes over time, they do not rule out the influence of external variables or placebo effects. In this regard, it is recommended that experimental designs be used, with participants randomly assigned to either the experimental group or the control group, which would allow for a direct and more accurate comparison of the therapeutic efficacy of music therapy with that of other interventions or with no intervention at all. Moreover, the duration of the intervention—limited to ten sessions spread over five weeks—may be considered insufficient to bring about lasting or structural
emotional changes. Previous research suggests that the benefits of music therapy tend to become established in the medium to long term, particularly among people with intellectual disabilities, where learning and emotional regulation processes take longer. It is therefore advisable to implement more extensive, longterm programmes, with weekly sessions over several months, as well as conducting follow-up assessments three and six months after the end of treatment to assess the lasting effects achieved. Another significant limitation lies in the subjective nature of some assessment tools. Although the study included qualitative observations and participants’ self-reports, emotion identification was influenced by the therapist’s interpretation and the participants’ ability to express themselves, which may introduce bias. To address this issue, it would be desirable to include complementary techniques in future research, such as standardised scales of emotional regulation, structured behavioural records and psychophysiological measures (for example, heart rate or skin conductance response), in order to cross-validate the data and enhance the objectivity of the assessments. Furthermore, potential observer bias in the questionnaires was not assessed. Future studies should include self-report tools for participants. Finally, the participants’ previous musical background—that is, their level of affinity, motivation or experience with music—was not considered. These factors can have a significant impact on receptiveness and on the outcomes of the intervention. The inclusion of tools to assess the individual’s previous relationship with music would enable the sessions to be tailored to participants’ specific interests and allow for an analysis of potential moderating variables influencing the therapeutic effect. Far from invalidating the findings, these limitations provide important guidelines for refining future studies in this area of research, enabling us to move towards a more accurate and context-sensitive understanding of the impact of music therapy on people with intellectual disabilities. However, despite these limitations, the findings of this study provide preliminary evidence regarding the potential of active group music therapy as an intervention strategy to promote emotional regulation in adults with mild intellectual disabilities. Although the overall statistical analyses did not reveal any significant differences between the preand post-intervention periods, the repeated measures analysis revealed significant improvements in the younger participants, suggesting that age may be a factor influencing therapeutic efficacy. As for age-related differences, it could be argued that younger adults tend to exhibit less emotional rigidity or have a shorter history of dysfunctional coping, which may explain why the effects of the intervention were
more evident in this group. This phenomenon was discussed by Saarikallio (2010), who highlights the role of music as the most common and effective strategy for emotional self-regulation among young adults compared to other groups. Furthermore, the qualitative analysis yielded findings consistent with the scientific literature, revealing a clear emotional shift during the sessions: negative emotional states, such as sadness, fear or anger, gave way to more positive emotions, such as happiness and serenity. These emotional changes, observed through active musical interaction, confirm the value of music as a tool for self-expression, emotional containment, and the building of relationships in therapeutic settings. Active music therapy is an effective means of facilitating emotional self-exploration, boosting self-esteem and improving the quality of life for people with intellectual disabilities. In addition to their direct therapeutic potential, group sessions promote socialisation, a sense of belonging and cooperation among participants—key factors in improving subjective well-being and social inclusion. However, the results should be interpreted with caution, given the presence of methodological limitations that restrict the generalisability of the findings. It is essential to conduct future studies involving large, controlled samples and more sophisticated measurement tools, with greater methodological rigour. Nevertheless, the findings provide a solid foundation for the clinical application of music therapy in the field of disability, helping to cement its position as an evidence-based therapeutic discipline. In summary, although the overall quantitative results were not statistically significant, age-specific analyses and qualitative data support the hypothesis that active music therapy may be a valuable intervention for promoting emotional well-being in adults with intellectual disabilities. It is recommended that this line of research be continued using longitudinal designs, larger sample sizes and more specific assessment tools to capture shortand long-term emotional changes with greater sensitivity. In conclusion, this study reinforces the idea that music is not only a form of art or entertainment, but also a profound means of emotional connection and personal transformation, which is particularly valuable for those groups whose ability to communicate is partially or completely impaired.
AI Use Statement
The author states that no AI has been used in the article.
Funding
This article has not received any public or private funding.
Biography
Nuria Jorques Calabuig holds a Master’s degree in Music Therapy from UNIR and a Bachelor’s Degree in Percussion from the Castilla-La Mancha Higher Conservatory of Music. She obtained a Professional Certificate in Percussion at the Conservatori Mestre Vert (Carcaixent, Valencia) (2012–2018). She has undertaken training in musical resources for people with disabilities (2024), the assessment of instrumental subjects in music education (2025), and the practical applications of artificial intelligence in business and music (2025). She currently teaches music theory, choir and percussion at various music schools.
ORCID: https://orcid.org/0009-0003-4756-4524
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